dimecres, 17 d’abril del 2013

UN CUENTO CON TOQUES POSMODERNOS


“Hola, me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”. Al leer esta frase, muchos de vosotros ya sabréis sobre qué película os voy a hablar, puesto que es una de sus frases más populares.
La princesa prometida es una película que se estrenó en el año 1987, dirigida por Rob Reiner, el cual ha dirigido otras películas como This is Spinal Tab o Algunos hombres buenos.
La película se inspira en el libro de nombre homónimo escrito por el autor florinés S. Morgernstern, pero que el escritor William Goldman abrevió quitando las partes demasiado descriptivas que aparecían en el original. Este recurso ya lo encontramos en otras novelas como en El Quijote, en la que el historiador moro Cide Hamete Benengeli aparece como autor y Cervantes se presenta como un mero traductor y autor de pocos capítulos. La película se basa en esta segunda novela, siguiendo las pautas de Goldman.

La película empieza con un niño enfermo en su cama y su abuelo que ha ido a visitarlo. Para entretenerle mientras está enfermo, le empieza a leer un cuento: La princesa prometida. Este libro narra la historia de la joven Buttercup (Robin Wright) que vive con sus padres en una granja del reino de Florin. Buttercup es la más hermosa joven del reino, y a sus órdenes tiene al mozo de cuadra, Wesley (Cary Elwes), aunque ella nunca pronuncia su nombre. Cada vez que ella le da una orden, él siempre responde con la mítica frase “cómo desees”, que en realidad significa “te quiero”. Finalmente, Buttercup se da cuenta que está enamorada del joven mozo, y se juran amor eterno.
Wesley decide marcharse a América para buscar fortuna y casarse con Buttercup, pero ella recibe la noticia de que el barco de su amado ha sido abordado por el pirata Roberts, el cual nunca deja supervivientes.

El príncipe Humperdinck (Chris Sarandon) la obliga a casarse con él y convertirse en princesa pero, justo antes de la boda, tres mercenarios la secuestran: el espadachín español Íñigo (Mandy Patinkin), el gigante Fezzik (André el Gigante) y el siciliano Vizzini (Wallace Shawn); pero un misterioso hombre enmascarado les sigue, vence a los tres hombres y consigue rescatar a la princesa. El héroe, como cabe esperar, es Wesley, el cual no murió en el barco, sino que se convirtió en el nuevo pirata Roberts. Después de una serie de acontecimientos en los que el príncipe Humperdinck quiere recuperar a su amada Buttercup; Wesley se queda a las puertas de la muerte; el espadachín Íñigo consigue vengar la muerte de su padre, entre otros, finalmente, los dos enamorados consiguen estar juntos. 







La princesa prometida es la clásica historia de amor incondicional entre la joven princesa y el apuesto caballero, pero podemos encontrar en ella un elemento posmoderno: la metaficción.
Existe, tanto en el libro como en la película, un juego narrativo mediante el cual se nos presenta la historia en distintos niveles de ficción. El primer nivel es el abuelo que le explica el cuento a su nieto, el cual está escrito, según dice el abuelo, por S. Morgenstern. En el momento en que empieza a contar la fábula, se produce una fusión entre su personaje de abuelo del niño y el papel de narrador del cuento. Esta segunda voz es, a la vez, la del narrador implícito Morgenstern. El abuelo pasa a ser implícito en el momento en que se suprime su voz en off y solo se muestran los acontecimientos. Finalmente, el último nivel ficcional lo encontramos en las narraciones de los personajes como, por ejemplo, la historia de Wesley de cómo se convierte en el pirata Roberts.
Durante toda la película, se producen pausas del narrador, el cual nos adelanta acontecimientos. Un ejemplo sería el caso en el que Buttercup está a punto de ser comida por las “anguilas chillonas”, el abuelo interrumpe el cuento y le dice a su nieto que no se la comerá, que esté tranquilo. En este punto, volvemos a encontrarnos en el primer plano ficcional y, a continuación, volvemos a la acción que se encuentra en el segundo nivel, donde se solapa la voz del abuelo y la de Vizzini. Este recurso nos reitera que, cada una de las frases de los personajes, está siendo leída por el abuelo en un plano superior de la ficción. En el siguiente vídeo podemos observar este primer plano ficcional:





Por tanto, podemos observar como La princesa prometida no es simplemente una bonita historia de amor, de lucha, magia y aventura, sino que se trata de una fábula mucho más compleja, puesto que mezcla distintos planos ficcionales, mucho más complejos en la novela que en la película, pero que mantienen al público expectante durante los 98 minutos que dura la película. Esta gran película ha conseguido que miles de personas vuelvan a su infancia simplemente con oír una de sus grandes frases, su BSO compuesta por Mark Knopfler o  algunas de sus míticas escenas.




Por tanto, para todos aquellos que no hayáis visto esta magnífica película, os recomiendo que no esperéis ni un minuto más para dejaros sorprender.
Gracias.




Inés Hidalgo
Periodismo





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