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diumenge, 14 d’abril del 2013

Anna Karenina: la puesta en escena de la teatralidad

ANNA KARENINA: LA PUESTA EN ESCENA DE LA TEATRALIDAD


Joe Wright, director de películas tan conocidas como Orgullo y prejuicio y Expiación, nos sorprende haciendo una nueva adaptación literaria, esta vez de una de las novelas más famosas de todos los tiempos: Ana Karénina de León Tolstói.

Anna Karenina nos presenta la historia de una mujer, Anna, casada por conveniencia con un hombre que mantiene alto cargo del gobierno ruso de 1874. Sin poder remediarlo, se enamora de un oficial, el conde Vronsky, con el cual mantiene un romance. Este amor la lleva a rebelarse contra su posición de esposa, así como contra las normas sociales con las que alguna vez ella se había sentido identificada. 

Joe Wright, decidido a no seguir el ejemplo de las anteriores adaptaciones cinematográficas de la obra, nos presenta una puesta en escena totalmente diferente a la de las otras películas de época a las que estamos acostumbrados. Wright decide encerrar la novela de Tolstói entre las paredes de un teatro. La mayor parte de la película, desde los grandiosos bailes a las sesiones de ópera a las que acuden los protagonistas, ocurre en el escenario de este, con sus correspondientes bambalinas y ante un patio de butacas totalmente vacío para el ojo del espectador. El director utiliza esta técnica con la intención de transmitir y reforzar la hipocresía que caracterizaba a la sociedad rusa de la época, basada en las apariencias y donde todos representaban un papel. 


La secuencia de la carrera de caballos demuestra lo que Wright quiere transmitir. La caballeriza se traslada al patio de butacas del teatro; pero la carrera en sí tiene lugar en el escenario, aunque se filmó en otro espacio y después se fusionó con las imágenes de la carrera grabadas en el teatro. Cuando Vronsky cae del caballo, Anna se altera y demuestra a toda la sociedad sus sentimientos, los presentes en el teatro se sorprenden por lo que Anna acaba de sacar a la luz, pese a que toda la sociedad ya hablaba del adultero romance entre Anna y el conde Vronsky. Con esta escena, podemos ver claramente la hipocresía que Wright nos intenta transmitir mediante el escenario de un teatro decadente. 

La teatralidad de Anna Karenina no se queda solo en el espacio de la película, sino también en la realización de esta. Wright quiere que la obra tenga totalmente un aspecto teatral y, en consecuencia, musical. Por esto, a lo largo de la obra podemos ver diferentes coreografías como la de los movimientos de los funcionarios, que trabajan para el hermano de Anna, sellando los papeles; o las dos secuencias que nos presentan a los segadores segando espiga, todos a un mismo ritmo. Además, en la escena de la carrera de caballos (comentada anteriormente) podemos ver como el abanico de Anna marca la tensión de la escena antes de comenzar la carrera.

Joe Wright ha sabido darle una visión nueva y original a una de las novelas más famosas de la literatura universal. Basándose más en el carácter visual que en el narrativo de la obra, cosa que puede gustar más o menos a la crítica, ha logrado fusionar los ámbitos teatral y cinematográfico en uno solo. Por lo tanto, la adaptación de Wright no es simplemente otra parecida a las anteriores, sino una que brilla con su propia luz gracias a la puesta de escena.




Esther Figueroa Zaragoza,
Grado de Periodismo.

"Dexter" o "Cómo coger aprecio al malo"


Desde principios de octubre de 2006 hasta el momento, la cadena Showtime tiene en su parrilla la serie Dexter, basada en las novelas de Jeff Lindsay. Solo la primera de las temporadas sigue fielmente la historia de la saga de Lindsay, mientras que en las demás los guionistas han adoptado libertad creativa. Esta serie consta de ocho temporadas, de las cuales siete ya se han emitido y los seguidores de la serie esperamos el estreno de la octava y última. Otras series de esta cadena son Homeland, Los Tudor o Stargate SG-1.

Esta serie contiene una mezcla de género policíaco, suspense, drama y thriller psicológico, enmarcándolo todo siempre con un toque de humor.

Esta podría ser la típica serie policíaca al estilo Mentes Criminales o CSI, que trata de un equipo de agentes de homicidios que se dedican a resolver los distintos crímenes cometidos en Miami si no fuera porque el protagonista y especialista en manchas de sangre de esa comisaria, Dexter Morgan (Michael C. Hall), es un asesino en serie. Ya en el primer episodio nos pone en situación desvelándonos ese dato.

Es en este punto que todo tiende a ser muy irónico. Un asesino que lleva casi desde los veinte años matando acaba trabajando como analista de manchas de sangre, ayudando a detener criminales, rodeado de policías, pero nadie sospecha de él. Juzgando al protagonista por la imagen que transmite, sería un tipo más bien parado, agradable y bonachón, que no entiende, por así decirlo, la vida de la gente “normal”. Contrastan pues las dos vidas que Dexter lleva: la de persona normal, en la que es atento, bueno, amable y al que le cuesta entender todo lo que le rodea, con ese Dexter asesino, que actúa de forma metódica, sin dar un paso en falso y que sabe realmente qué quiere. Cuando estos dos mundos que Dexter tiene cuidadosamente alejados empiezan a acercarse es cuando más giros da la serie.

El protagonista tiene un debate interno que está presente a lo largo de toda la serie sobre lo que está bien y lo que está mal y sobretodo la idea de que si lo que hace está justificado, aunque en varias ocasiones se ve como empieza a dudar mostrando también el debate si podemos cambiarnos a nosotros mismos y quiénes somos realmente.

Otros personajes de la serie que jugarían un papel importante en la vida de Dexter serían su padre, que a mi parecer le recordaría todo su lado oscuro; Rita, su novia, que le recuerda a su lado más humano; y su hermana Debra, que sería un apoyo para este personaje principal.

Lo que me enganchó a esta serie fue este trato distinto de la típica serie de crímenes, viendo la historia desde el punto de vista del asesino, cogiendo afecto a ese personaje aunque sabes que es “el malo”. El hecho de tener varias tramas en una misma temporada, que giran alrededor de una principal también hace que este tipo de series capten mi atención, aunque esta característica cada vez más está en todas las series. Y sobretodo, el factor sorpresa. Con Dexter pocas veces he podido pensar el típico “OBVIO”. Siempre tienen un as en la manga que te hacen quedar con la boca abierta pensando “no puede ser” (quien haya visto la serie sabrá de qué hablo). Añadir que las reflexiones finales de cada capítulo, formato que está presente en muchas series como Anatomia de Grey o Sexo en Nueva York, aunque hablen de temas sobre homicidios, estas se pueden extrapolar y aplicar a diferentes campos.



Marc Solé Montserrat
Publicitat i Relacions Públiques


dimecres, 3 d’abril del 2013

Que el tiempo no haga el olvido. La voz dormida.




A pesar de la cantidad de críticas negativas que recibió La voz dormida (la mayoría de ellas por el posicionamiento del director a favor del bando de “los vencidos”), creo que es una grandísima película que intenta que no dejemos nunca en el olvido todos aquellos años oscuros. Tengo que decir que no he leído la novela en la que está basada, por lo que no puedo hacer comparaciones, solo opino sobre la película.

Fue nominada a 9 premios Goya, de los cuales ganó 3: mejor actriz revelación (María León), mejor canción original (Nana de la hierbabuena, Carmen Agredano) y mejor actriz de reparto (Ana Wagener); en septiembre de 2011 participó en la sección oficial del Festival de San Sebastián, en la cual premiaron a María León con la Concha de Plata a la mejor actriz; este mismo mes y año fue seleccionada por la Academia de Cine junto a La piel que habito y Pa negre para competir por el Oscar a mejor película de habla no inglesa por España (finalmente fue Pa negre); en octubre del mismo año fue seleccionada para participar en la sección Cinema Europa de la 55ª edición del Festival de Londres.

Como he dicho anteriormente, la película de Benito Zambrano está basada en la novela homónima de Dulce Chacón. Se sitúa en el marco de la Posguerra, en los inicios del Régimen Franquista. Pepita, interpretada por María León, es una muchacha humilde que desde su pueblo de Córdoba se traslada a Madrid porque su hermana Hortensia (Inma Cuesta), que está embarazada, la han apresado y encarcelado en la cárcel de las Ventas. Pepita entra a trabajar como sirvienta en una casa del bando franquista, por lo que lo primero que le exigen es que nadie se entere de que su familia es republicana. Pepita hace todo lo que está en su mano para sacar a su hermana de la cárcel, pero todo esfuerzo es inútil: después de unos meses condenan a Hortensia a la pena de muerte, aunque no procederán a la ejecución hasta que no nazca su bebé. Es entonces cuando Hortensia quiere asegurarse de que su hermana se hará cargo de su hija cuando ella no esté.
Paralelamente, el marido de Hortensia, “el Cordobés” (Daniel Holguín), anda escondido junto al “Camisa Negra” (Marc Clotet) porque están en busca y captura. A pesar de la bondad e inocencia de Pepita y de que ella busca la reconciliación de los dos bandos porque no se declara republicana ni franquista, sale perjudicada por ser hermana y cuñada de quien es.


La voz dormida es una película que me dejó días y días pensando, reflexionando y buscando respuestas a preguntas difíciles de explicar. Me metió dentro de la historia nada más empezar, por lo que sufrí el miedo que sentía Pepita, la rabia e impotencia de Hortensia, el dolor de cada uno de los personajes.

Zambrano ha sabido escoger a los actores y actrices perfectamente. Todos han hecho una enorme interpretación de su personaje, sobre todo María León. Recuerdo que al empezar la película, cuando salió ella, dije que qué fallo haberla cogido para interpretar un papel así porque a ella los dramas no se le daban bien, ella era de comedias. A los 5 minutos me arrepentí de mis palabras. Inma Cuesta representa a la perfección a una mujer luchadora, con unos ideales firmes, una mujer fuerte y orgullosa. Es ella quien canta en la película la nana de la hierbabuena, de Carmen Agredano, una canción que te transmite muchísimo y que te conmociona aún más.  


Los escenarios en los que transcurre la acción son muy reales y creíbles. Están muy bien ambientados en la época. Según cuenta el director en el making off de la película, les costó mucho encontrar los escenarios adecuados, ya que en Madrid ya no quedan calles de los años 40. Pero lo que más les costó fue encontrar una cárcel que se pareciera a la de entonces. Es una cárcel con unas características que ya no hay, así que tuvieron que recurrir a una cárcel de Huelva, la única que les permitía construir decorados y ambientarla de manera que les sirviera. Además utilizan unos colores que te transmiten esa España gris y oscura del momento. No vemos colores alegres ni vivos en ningún momento.

Creo que La voz dormida es una de las pocas películas sobre la Posguerra, o incluso aquí incluyo la Guerra Civil, que ha sabido reflejar el horror que se vivió. De las pocas que una vez la ves, se te queda grabada para toda la vida.

Mi pregunta es: ¿Por qué Zambrano tiene que recibir tantas críticas negativas por el hecho de que se posicione a favor de los republicanos y no han valorado más allá de ese detalle? ¿Acaso no estamos en un sistema democrático, con libertad de expresión y pensamiento? Sí que hubo víctimas tanto de un bando como de otro, pero es que la película está situada una vez vence el bando nacional, una vez se pone en marcha el Régimen Franquista. La película quiere rendir homenaje a las víctimas de entonces, todas las que sufrieron la brutal represión de Franco. Es decir, es entonces cuando las víctimas pasaron a ser solo de un bando.
Zambrano da comienzo a la película con este texto:
“En abril de 1939 terminaba la Guerra Civil española y empezaba la dictadura del General Francisco Franco y su Nuevo Régimen Nacional-Católico. Habían sido tres largos años de horror y muerte. Pero con el fin de la guerra no llegó la paz, ni la reconciliación.
Esta película quiere ser un homenaje a todas las mujeres que lloraron en silencio en las puertas y en las tapias de los cementerios.
A las mujeres que se sacrificaron por los encarcelados y los perseguidos.
A todas las mujeres que murieron en las comisarías, en las cárceles o frente a los pelotones de ejecución.”

¿Murieron mujeres franquistas en comisarías, cárceles o frente los pelotones de ejecución? Creo que no.
Entonces no digan que Zambrano ha hecho una mala película por dedicársela a ellas, por recordar lo que pasó y lo que fue, por no callar lo que a demasiados les interesa que quede en el olvido.

Todo me hace pensar que en este país las verdades siguen doliendo.

Sonia Martínez Campillo